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Los jardines del castillo de Chenonceau brillan con el esplendor del pasado…Los jardines del castillo de Chenonceau son el más claro testimonio del gusto y el refinamiento de sus inspiradoras: Diana de Poitiers y Catalina de Médicis. El castillo siempre ha prestado un cuidado particular y constante al mantenimiento y embellecimiento de sus jardines. En el 2003, la realización de un laberinto y la creación de un paseo nocturno renacen el arte de vivir en los jardines del siglo XVI.

En la época de Diana y Catalina
La edad de oro de los jardines de Chenonceau
Cuando Diana de Poitiers obtiene Chenonceau en 1547, el castillo sólo cuenta con un modesto huerto, rústico y escaso para el despliegue de la corte. Por ello, durante cinco años, se realizan numerosos acondicionamientos que finalmente dan lugar a la creación del fastuoso parterre conocido actualmente como Jardín de Diana de Poitiers. Está situado en la parte alta del castillo, en la orilla derecha del Cher, y protegido de las crecidas del río por terrazas elevadas. Verdadero espectáculo vegetal con más de 12.000 m2, el jardín fue concebido desde el principio con sencillez. Consta de dos largos caminos que se cruzan en diagonal y delimitan cuatro grandes triángulos, divididos a su vez en compartimentos triangulares por otros dos caminos en cruz.

El encanto del jardín se debía en el momento de su creación a la distribución y a la elección de las plantas: árboles frutales, arbustos rústicos, espinos blancos y avellanos. En los bordes de los caminos se plantaron fresas y violetas.

Participaron jardineros de renombre en su creación como el arzobispo de Tours y su vicario, Jean de Selve, amigo y protector de Bernard Palissy. En el centro del jardín se encuentra una fuente, reconstruida en 2002, cuyo funcionamiento era muy innovador para la época.

Enrique II, gravemente herido en un torneo, muere el 10 de julio de 1559, antes de inaugurar este maravilloso decorado. Diana debe devolver Chenonceau a la reina viuda Catalina de Médicis. Ésta intenta eclipsar el esplendor de las creaciones de su rival con fiestas grandiosas en honor de sus hijos.

Tal y como pretendía Catalina, Chenonceau se convierte en una residencia del rey, como las Tullerías. Manda realizar obras monumentales. Bajo el antepatio y el torreón de los Marques, la reina manda adecentar un jardín con “curiosidades” entre las flores y los arbustos: una pajarera, una casa de fieras, un aprisco, una gruta artificial y la fuente del peñasco…

En la actualidad, la decoración floral de los jardines requiere todo tipo de atenciones ya que se renueva en primavera y en verano. Necesita 130.000 plantas cultivadas en los terrenos del castillo. Los jardines de Diana de Poitiers y de Catalina de Médicis, conservan su estructura original, permiten descubrir la gran tradición francesa de diseño de jardines.




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